Un trabajo en el que hay que estar pendiente de los caballos todos los días, de todo el año. Los meses de octubre, noviembre y diciembre, hay poco descanso. Así es el trabajo de un petisero.

El polo tiene su propio proceso. Primero, se arranca a jugar despacio, mas tarde se le aumenta la velocidad del galope hasta que, al cabo de dos o tres años de competición el caballo ya se encuentra en condiciones de dar su mejor nivel.

1.019           Dymages – martes 21 agosto, 2018
fotografíasDymages –  Texto – Jesús DYañez

Lo primero: La doma

Para que los caballos alcancen un nivel máximo requieren de un tiempo de cuatro o cinco años.

Antes de que los caballos lleguen a manos de los petiseros, hay un paso previo de nueve meses que llevan a cabo los domadores. Un domador suele trabajar con cerca de 50 caballos por año.

El trabajo de estos profesionales ecuestres se centra en enseñar a frenar, a parar, a doblar, a regular, a revolearle un taco y a que el caballo no se asuste en el escenario de la competición.

El periodo de doma se divide en etapas de tres meses cada una. Los tres primeros meses se dedican a la enseñanza del galope. Los tres siguientes son de descanso en el campo natural. El periodo de doma finaliza sumando otros tres meses más de galope.

La alimentación es siempre importante cuando se trata de criar un caballo destinado a la competición.

A lo largo de esta primera etapa se les da de comer alfalfa junto a avena en grano.  Durante los meses de descanso, la alfalfa es natural, es decir, del propio paso.

Cuando el animal llegue a manos de los petiseros, la alimentación se complementa con alimentos ya preparados por marcas comerciales y que ofrecen componentes alimenticios fundamentales para transformar al caballo en un atleta.

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El día de un petisero

El día arranca a las cuatro de la mañana, cuando se da de comer a los caballos. Lo primero que hace el petisero al llegar a la cuadra es ver como amanecieron los caballos, revisar si ocurrió algo durante la noche y comprobar como están de ánimo los caballos.

Dar la comida es la siguiente tarea que tienen en su lista de trabajo. Cuando los caballos terminan de alimentarse, se limpian las camas, que pueden ser de viruta de madera o paja de trigo. Con el trabajo hecho llega el momento de «varear”, que suele ser de una hora de duración.

Antes de salir al «entreno» diario el veterinario mira si los caballos están en buenas condiciones, si no le duele nada. Es ese momento de la inspección en la que petisero y veterinario deciden la actividad que tiene que hacer cada caballo. Puede haber dolores en manos y patas generados por algún esfuerzo, que suelen ser los problemas más comunes.

En el tiempo de «vareo» los caballos realizan un entrenamiento que suele ser de 25 minutos de caminata, 25 minutos de trote y otros 15 para caminar, aunque va a depender del tipo de caballo y de las condiciones con las que amanece cada animal.

El trabajo se diferencia en los “caballos nuevos”, que son los recién entregados de doma, y los “caballos jugadores”, que ya están entrenados.

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Una vida entre crines y herraduras.

Una vez finalizado el «vareo» y antes de volver a las cuadras los caballos son revisados por el herrero mientras que otro ayudante que se encarga de «tuzar» , es decir, cortarles el pelo para que queden en perfecto estado.

Ha terminado la mañana de trabajo. Toca descansar. A la tarde se acometerán otras tareas más rutinarias como el cuidado y praparación de la guarnicionería al tiempo que se mantiene la alimentación y vigilancia de los caballos que ya se encuentran en sus boxes de tres metros descansando.

¿Y cuando hay partido? El petisero tiene que preparar todos los caballos, la montura, las vendas en las manos y en las patas para los golpes, los frenos y, por último, cargarlos en el camión que les conduce hasta la cancha.

Finalizando el día, se cepillan todos los caballos, se ponen vendas de descanso, se vuelve a dar comida y se llenan los bebederos. El petisero  tiene que estar pendiente todo el tiempo.

En este trabajo no hay tarea más relevante que otra, sino que abarca todo desde levantarse temprano, dar de comer, hasta «varear». Una profesión que requiere personas responsables y despiertas que conocen a sus caballos hasta el punto de saber si un caballo amaneció con ganas o si su estado de animo en esa mañana está apagado.

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