
Javier Campano se define así mismo como un “fotógrafo callejero”. Como señala: “Me gusta mucho pasear por las ciudades, y hacer fotos de lo que veo: viandantes, atmósferas, momentos, detalles, gente que habita las ciudades…”. Madrid, Roma, Coimbra, Lisboa, Rennes, Génova, Mallorca, Tánger, Valencia, Florencia y Praga, son las ciudades a las que el fotógrafo mira en esta muestra captando detalles, habitantes, rincones y fragmentos que ponen al espectador en una perspectiva mucho más íntima y detallista de esos grandes núcleos urbanos.
La mayoría de las imágenes de la exposición de fotografía son en blanco y negro. No en vano, el autor muestra preferencia por él ya que, como indica: “a mi me parece más irreal y poético”. Así mismo la geometría, la composición y el encuadre, que nunca altera, son elementos muy significativos del lenguaje de Campano.
La exposición de fotografía nos sugiere una aproximación que pone de manifiesto el “componente mágico” que la fotografía tiene para Campano. “Parar el tiempo y después volverle a dar vida con la ayuda de la luz, una cámara cualquiera, y con el corazón, porque para mí las fotografías son corazonadas que te brinda el azar”, como indica. Esa combinación entre las atmósferas en blanco y negro y su aproximación a las ciudades en las que se pierde para realizar sus fotografías crean una atmósfera poética que rescata el vuelo de una bandada de pájaros, fachadas, sombras y personajes anónimos.